“No sé cómo explicar a las familias lo que hacemos aquí”
He escuchado esta frase tantas veces…
Lo tienes claro: la educación puede cambiar el mundo.
Has construido un proyecto a la medida de tus sueños; ahora necesitas darlo a conocer de forma eficaz, sin recurrir a técnicas de marketing que te incomodan y sin dedicar todo tu tiempo a escribir posts para Instagram.
Yo también creo que educar es un acto revolucionario
En 2015 entré en contacto con el emprendimiento educativo.
Me encontré con un proyecto maravilloso, liderado por unas personas que creían en los buenos tratos a la infancia y el respeto profundo a los procesos de maternaje y crianza.
Me transformé.
Ese espacio cerró en 2020.
La pandemia, sí, pero también la ausencia de un plan de comunicación.
Aún recuerdo a una de sus fundadoras diciéndome: “no sé cómo explicar a las familias lo que hacemos aquí”.
En su honor, y en el de todas las personas que quieren mejorar el mundo con sus servicios de educación, maternidad y crianza, ha nacido Palabras para educar.
¿Te suena esta historia?
Si tú también te has visto en esas, si tienes un proyecto educativo diferente y no encuentras las palabras para comunicarlo, Palabras para educar es para ti.
No te quedes sin palabras
Soy Ana Paradela, y tengo un papel que dice que soy filóloga porque aprobé unas cuantas asignaturas.
Pero la verdad es que yo siempre me he sentido filóloga en sentido etimológico: porque amo las palabras.
De hecho, me recuerdo siempre con un libro en la mano.
Pero no, no pasé de ser filóloga a dedicarme a la redacción directamente, qué va.
Antes de eso, di clase durante 15 años.
En todos esos años a pie de aula hice prácticamente todo lo que puede hacer una profesora, desde la Educación infantil hasta la universidad, pasando por la alfabetización de inmigrantes y la formación en empresas.
Además, he vivido cinco años en Francia, cuatro en Japón y dos en Alemania, y he dado una vuelta al mundo de 13 meses.
Entretanto, he tenido tres hijos.
Y en todas estas vueltas he aprendido muchas cosas, pero sobre todo una:
Que los seres humanos necesitamos alguien que nos mire a los ojos y nos diga: “Estoy aquí. Te acompaño”.
Y que la educación comienza siempre por ese acto de amor.
Por eso quiero acompañarte
Sé que comunicar este mensaje, en una sociedad en la que parece que la educación se basa en el más (más bilingüismo, más robótica, más matemáticas) es muy difícil.
Pero yo creo en tu proyecto.
Y quiero ayudarte a que tu mensaje educativo llegue, alto y claro, a quien necesita oírlo:
- Sin palabras vacías.
- Con honestidad.
- Sin que inviertas en ello todo tu tiempo.
- Cuidando tu proyecto como si fuera el mío.
Puedo asegurarte que me enamoro de todos los proyectos con los que trabajo. ¿O quizá es que trabajo solo con proyectos que me enamoran?
El caso es que solo tengo una forma de trabajar: hasta el corazón, o nada.
¿Empezamos?
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